El escritor estadounidense Woody Allen relata con todo lujo de detalles sus 84 años de vida en su autobiografía “Apropos of nothing”, obra en la que tiene un destacado objetivo: defenderse de las acusaciones de abusos de su hija adoptiva Dylan Farrow después de que Hollywood le haya dado la espalda.

Aunque el cineasta empieza hablando de sus incultos padres, de sus primeros años en un tranquilo Brooklyn, su fascinación por Manhattan cuando era solo un niño, sus fracasos escolares y universitarios, Allen dedica más de la mitad de su libro a explicar exactamente qué pasó en aquel inquietante episodio de su vida.

En público, el responsable de “Annie Hall” ha preferido durante décadas guardar silencio sobre el supuesto abuso sexual pederasta del que le acusa su expareja, la actriz Mia Farrow, sobre la hija adoptiva de ambos, Dylan, como si se tratara de un mero incidente desagradable al que no ha querido dar demasiada importancia.

Pero su autobiografía es un reflejo del enorme peso que la dramática situación ha tenido en su vida y que finalmente, como él mismo subraya, ha llevado a que una larga lista de actores se nieguen a trabajar con él. “Me imaginé un poquito más de apoyo de los compañeros”, dijo.

Poco después de rebasarse el ecuador de la minuciosa autobiografía, Allen se adentra en las distintas batallas de su conflicto con Farrow sin mucho disimulo: “Mucho se ha hablado en la prensa sobre la idea de que he gravitado hacia chicas jóvenes, pero realmente no es así”, recalcó.

Cabe mencionar que Mia Farrow sale muy mal parada en la autobiografía, a quien acusa de maltratar física y psicológicamente a sus hijos adoptivos, y de relaciones “antinaturalmente cercanas” con sus hijos biológicos Fletcher Previn y Ronan Farrow.

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