«It capítulo 2» llega a la cartelera de cine, este viernes 6 de septiembre, con el gore a mil y la redundancia a millón. La cinta que cierra la historia, 27 años después del inicio, se vuelve un ir y venir de sucesos, muchos de ellos innecesarios, para acabar con un final que dejará a muchos inconforme. Parece increíble que para matar al payaso Pennywise solo había que darle en su ego demostrando que el miedo es cosa de niños.

A decir verdad, la producción de la cinta es increíble, los planos, las escenas, las actuaciones, todas juntas y separadas son capaces de lograr el objetivo que se espera propinando instantes en los que el sobresalto es inevitable.

Pero como ocurrió en el capítulo pasado, el terror se diluye. Al punto de ser un ingrediente extra en medio de un suspenso, en ocasiones, tan estirado que pierde causa y efecto.

Los actores infantiles repiten en flashbacks que reviven un pasado olvidado que se activará a partir del reencuentro de sus personajes ya adultos, con golpes a la memoria de aquellos que alguna vez juraron regresar al pueblo para acabar con la entidad cambia formas que esta vez tiene el sádico exacerbado.

Escenas que asfixian, momentos sorpresivos, historias cruzadas, se crecen a partir del acoso del payaso. Como ocurrió en la primera todos los protagonistas tendrán algo que aportar para acabar con el mal, solo que esta vez no todos lograrán cantar victoria.

Una de las fallas del filme radica en el libreto, que insiste en sobreexplicarlo todo en 165 minutos que se vuelven eternos. El Club de los Perdedores, entrado en años, tiene sus matices y luce encantador, como ocurrió cuando eran preadolescentes. Obvio que el hecho de que algunos de ellos sean representados por grandes actores de Hollywood lo hace más sencillo.

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